Consagraciones

Consagración al Sagrado Corazón de Jesús de 33 días
Consagración total por María de San Luis María Grignion de Montfort
33 días de Consagración a San José

Consagración en realidad significa “destinar para un fin sagrado”. Por lo tanto, consagrarse significa hacerse a un lado uno mismo para amar y servir a Dios. Podrías preguntarte entonces, ¿Por qué consagrarse a María y/o San José si me puedo consagrar directamente a Dios? San Louis Marie Grignion de Montfort, San Juan Pablo II y muchos otros santos, ¡nos dicen que María consagró su vida entera amando y sirviendo a Dios y a su único hijo, Jesucristo! Ella nos puede enseñar a cada uno de nosotros cómo “amar y servir a Dios perfectamente en nuestras vidas diarias”. Consagrarse te ayuda a crecer en la fe, amor y esperanza en Dios. Esto es igual para la consagración a San José, porque San José fue el padre adoptivo de Jesús y el único santo que haya conocido a Jesús en persona, amando y cuidando de él hasta que fuera adulto. San José puede también enseñarnos cómo obedecer los mandamientos y amar a Dios diariamente. Tanto nuestro retirado Papa Benedicto XVI como el Papa Francisco son grandes devotos a San José. ¡San José es el santo patrono del Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco inició su papado en la fiesta de San José el 19 de Marzo!

Aquí tenemos lo que el Papa Francisco ha dicho de San José: “Tengo mucho amor por San José porque es un hombre fuerte y de silencio. En mi escritorio tengo una imagen de San José durmiendo y durmiendo cuida a la Iglesia.” “En los Evangelios, San José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor.” “¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio.”

El Acto de Consagración

Cuando decides consagrarte le llamamos un “acto”, no una “oración”. Es un acto porque no sólo es una oración sino una decisión que cambia tu vida espiritual y tu vida diaria. Prometes confiar tu corazón, mente, alma y cuerpo a Dios a través de Cristo en el Espíritu Santo, con la ayuda de la intercesión de un santo o un ángel, en este caso, San José. Es un acto que requiere meditación, preparación y oración con la ayuda de los sacramentos de la Sagrada Eucaristía y así mismo, reconciliación ó confesión, si es posible. El Acto de Consagración te ayuda como cristiano a continuar con tu compromiso bautismal de seguir los mandamientos de Dios.

Algunos ejemplos de consagración son al Inmaculado Corazón de María, al inmaculado Corazón de Jesús, al Espíritu Santo, San José. Santa Catarina Laboure, Santa Bernardita de Lourdes o Santos Jacinta y Francisco Marto de Fátima, los arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael, etc

Cuatro razones por las cuales debemos consagrarnos al Señor

1. Para andar en el camino del Señor

Antes de ser salvos, tomábamos nuestro propio camino, tomábamos nuestras propias decisiones y escogíamos la dirección para nuestra vida. Después de ser salvos, Dios quiere que andemos en Su camino y seamos guiados por Él. Pero si no nos entregamos a Él, ¿cómo podemos saber cuál es Su camino? ¿Cómo puede guiarnos? Consagrarnos a Él nos guarda en Su camino y nos salva de tomar nuestra propio camino. Podemos orar: “Señor, no quiero tomar mis propias decisiones o tomar mi propio camino. Quiero ser guardado en Tu camino. Así que Señor Jesús, me entrego a Ti”.

2. Para crecer en vida

Cuando Cristo entra en nosotros somos regenerados con Su vida divina. Su intención es que esa vida divina en nosotros crezca. Pero cualquier tipo de vida necesita el ambiente apropiado para crecer. Rendir cada parte de nosotros y cada aspecto de nuestras vidas a Él crea el mejor ambiente para que la vida divina crezca en nosotros.

Nuestra experiencia de Cristo es afectada significativamente por si nos entregamos al Señor o no. Sin consagrarnos a Él, es difícil saber si algo está de acuerdo con la voluntad de Dios y si le agradará.

Pero cuando nos rendimos al Señor, espontáneamente sentimos lo que le agrada a Él y lo que no le agrada. Esta sensación es el resultado de la vida divina de Dios obrando en nosotros y es activada por nuestra consagración. Mientras seguimos a Dios al obedecer este sentir, crecemos en la vida divina de manera real y práctica.

3. Para permitirle a Dios obrar en nosotros

Antes que podamos obrar para Dios, Dios primero necesita obrar en nosotros. Aunque somos salvos, Él todavía tiene que conformar nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y disposición, todo nuestro ser, a la imagen de Su Hijo, como dice Romanos 8:29.

Dios es omnipotente, pero en Su relación con nosotros, Él no es un dictador. Él respeta nuestro libre albedrío y no impone Su obra en nosotros; más bien, Él necesita nuestro consentimiento a fin de obrar libremente en nosotros. Nuestra consagración es nuestro consentimiento.

Dios es paciente y Él esperará hasta que le demos permiso de obrar en nosotros a fin de cumplir Su propósito. En vez de resistirnos a Él, podemos orar: “Señor, te doy permiso para que obres en mí. Me ofrezco a Ti voluntariamente. Señor, te abro la puerta de mi corazón. Entra a cada habitación de mi corazón y confórmame a Tu imagen en todos los sentidos”.

4. Para disfrutar las riquezas de la salvación de Dios

La salvación de Dios está llena de riquezas. Efesios 1:3 nos dice que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en Cristo. Estas bendiciones incluyen la vida divina, la humanidad y el vivir perfectos de Cristo, Su muerte eficaz, Su resurrección poderosa, Su victoria sobre Satanás, Su ascensión sobre todas las cosas y mucho más. Pero sin consagrarnos a Él, no tenemos manera de entrar en el disfrute de estas bendiciones. Las poseemos, pero para que las disfrutemos en nuestra experiencia, debemos consagrarnos a Dios.

En este sentido, la consagración es como una puerta. Para entrar a un edificio, debemos entrar por la puerta. Si no lo hacemos, no importa cuántas cosas maravillosas nos esperen al otro lado, no las podemos disfrutar o participar de ellas. La consagración es la puerta por la cual entramos para disfrutar todas las riquezas de la salvación de Dios. Cuando nos entregamos al Señor, Él nos guiará en nuestra experiencia hasta entrar en el disfrute de las ricas bendiciones de la salvación completa que Dios efectúa.

Podemos orar: “Señor, no solamente quiero saber acerca de las riquezas de Tu salvación; quiero disfrutarlas. Señor, aquí estoy. Me entrego completamente a Ti. Te pertenezco. Guíame por Tu Espíritu a la experiencia y disfrute de todo lo que Tú tienes para mí en Tu salvación”.

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